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Declaración de la Identidad Humana, los Objetivos Superiores y los Principios del Desarrollo Universal

Nosotros, representantes de diversos países, culturas y civilizaciones del mundo, en conmemoración del 80.º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y de la creación de las Naciones Unidas, y en vísperas del 80.º aniversario de la adopción de la Declaración Universal de Derechos Humanos, destacando la especial importancia y vigencia de la Declaración Universal de Derechos Humanos para proteger la identidad humana frente a los nuevos desafíos que plantean las tecnologías de la información, la cognición, la biomedecina, la sociedad y otras, subrayando, que la Declaración Universal de Derechos Humanos posee una valía perdurable, que la dignidad y los derechos humanos no son una invención ni un concepto, sino un gran descubrimiento que la humanidad realizó, entre otras cosas, bajo la impresión de los horrores de la Primera y Segunda Guerra Mundial, que la importancia de este descubrimiento no puede ser revisada en el presente ni en el futuro, que el desarrollo social, cultural y tecnológico de la humanidad debe servir a afirmar los valores y principios de la Declaración Universal de Derechos Humanos, apuntando al pasado de la humanidad y afirmando, que los valores de la Declaración Universal de Derechos Humanos son valores humanos tradicionales y universales, que responden a las aspiraciones profundas de las personas de todos los pueblos y culturas, y considerando que los objetivos de la Declaración Universal de Derechos Humanos y su eficacia deben verse favorecidos mediante la articulación de un conjunto de amplias concepciones marco sobre la identidad humana, la naturaleza y el origen del ser humano, la historia universal, los problemas fundamentales, los objetivos, los valores y los principios del desarrollo universal futuro, proponemos para la discusión las siguientes disposiciones de esta Declaración, con la esperanza de que el fructífero debate que se celebrará sirva de base para su consideración por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2028:

I

Las causas y circunstancias del origen del ser humano en la Tierra siguen siendo un misterio que inspira búsquedas intelectuales en los caminos de la religión, la filosofía y la ciencia. La humanidad cuenta con diversas teorías mitológicas, religiosas, filosóficas y científicas sobre el origen del hombre que, en polémica y diálogo, abren camino hacia el conocimiento de este misterio.

II

Hoy en día, reviste una importancia universal y particular que, a través de diversas vías de comprensión de las causas y circunstancias del origen humano en la Tierra, las personas hayan descubierto las ideas de la unidad de los orígenes humanos y la unidad de la naturaleza humana, incluyendo la unidad de la naturaleza espiritual humana.

Aceptar estas ideas como una comprensión rectora y universal del hombre —como un ser con un estatus especial en la existencia, dotado de razón, libertad, capacidad de fijar metas y capacidad de crear cultura como centro de valores supremos— nos permite reducir la intensidad de las contradicciones doctrinales, ideológicas e intercivilizacionales y aprovechar las oportunidades para el diálogo entre diferentes cosmovisiones y culturas en el camino hacia un futuro común.

III

Las ideas de la unidad del origen humano y la unidad de la naturaleza humana, incluida la espiritualidad humana, son presunciones fundamentales que nos permiten afirmar con razón que las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y que deben comportarse mutuamente en un espíritu de fraternidad.

Al mismo tiempo, la necesidad de garantizar la protección jurídica y política de la dignidad, la libertad y los derechos humanos, así como los derechos de los pueblos y las civilizaciones a un desarrollo soberano, está condicionada por la dualidad de la naturaleza humana, por la presencia en ella de propiedades y aspiraciones destructivas que se manifiestan en abusos del poder político, económico y cultural, llenando la historia de la humanidad de sufrimiento, desigualdad e injusticia.

IV

La razón y la conciencia, que deben guiar a las personas en sus relaciones con los demás y con el entorno, son manifestaciones esenciales de la naturaleza espiritual humana, lo que demuestra que el fundamento de la ética, principio constitutivo de la existencia humana tanto a nivel individual como social e internacional, es el principio de la prioridad de lo espiritual sobre lo material.

V

Las ideas de la unidad del origen humano y la unidad de la naturaleza humana fundamentan la idea de la unidad del destino histórico humano, sustentada por:

– la universalidad de la cultura, de la religión y de la ética;

– la amplia difusión de los inventos y descubrimientos de los pueblos prehistóricos, de los que aún hoy nos beneficiamos con gratitud: el uso del fuego, la domesticación de animales, el cultivo de plantas, el uso de la rueda, etc.;

– el intercambio de bienes espirituales y materiales entre países y pueblos, que ha continuado ininterrumpidamente desde la antigüedad;

– el surgimiento prácticamente simultáneo, en diversas civilizaciones antiguas, de conceptos fundamentales sobre el ser humano y su mundo interior, la sociedad, el Estado y el derecho, la cultura, la integridad de la existencia, su legalidad y la interconexión de sus elementos; conceptos que constituyen el patrimonio común de la humanidad y la base intelectual del desarrollo cultural y social;

– la interconexión e interdependencia, creciendo continuamente a lo largo de la historia, del desarrollo cultural y social de los pueblos y Estados, que alcanzó su grado más alto en el mundo contemporáneo, donde, en las condiciones del actual orden tecnológico-informático, se está configurando el modelo del futuro orden mundial.

VI

Adoptar las ideas de la unidad del origen humano, la unidad de la naturaleza humana y la unidad del destino histórico garantiza una correcta percepción y comprensión del fenómeno de la diversidad cultural, histórica y étnica de la raza humana.

La diversidad de la humanidad, a la luz de estas ideas, no es un argumento a favor de un relativismo ilimitado, que a su vez alimenta diferentes versiones del racismo y el nazismo, sino que es un testimonio del potencial creativo infinito de la naturaleza humana, cuya realización ocurre a lo largo de la historia en condiciones espaciales y temporales siempre limitadas y específicas, dando lugar a un mosaico de culturas y civilizaciones, sistemas de valores y modelos de desarrollo. La unidad de la humanidad no niega, sino que presupone, su diversidad civilizacional.

La relación entre la unidad y la diversidad de la humanidad puede expresarse con una metáfora: la humanidad, como el Gran Río, fluye de una sola fuente y, dividiéndose en múltiples brazos, se esfuerza hacia un único Océano del futuro.

VII

La adopción de las ideas de la unidad del origen humano, de la unidad de la naturaleza humana, de la unidad del destino histórico y del principio de la prioridad de lo espiritual sobre lo material conduce necesariamente a la idea de la unidad esencial de los objetivos más superiores de la existencia humana, alcanzados por diversos caminos y en diversas formas, tanto a nivel individual como social.

VIII

Los objetivos más superiores de la existencia humana incluyen:

– la creación de la propia personalidad y su mundo interior único;

– la adquisición de convicciones, valores espirituales e ideales;

– la participación en la comprensión de la existencia y la creación de cultura;

– la sucesión de la cultura y su transmisión a las nuevas generaciones;

– la formación de una familia y la crianza de los hijos;

– el desarrollo de la conciencia jurídica;

– la participación en la actividad económica significativa y productiva;

– la participación en la vida social y del Estado;

– la participación en la solución de los problemas globales de la humanidad;

– la consecución de la perfección moral, intelectual y cultural.

IX

Los  objetivos superiores de los pueblos y las civilizaciones son:

– la preservación y la ampliación de su propio patrimonio histórico y cultural, así como del patrimonio histórico y cultural de la humanidad;

– el enriquecimiento creativo del contenido de la conciencia colectiva;

– el aprovechamiento del potencial del patrimonio cultural y de los recursos semánticos de la conciencia pública para el desarrollo integral y continuo, el crecimiento intelectual y cultural del individuo, la sociedad y el Estado;

– el planteamiento autónomo de cuestiones fundamentales sobre la existencia del individuo, de la sociedad y del Estado, y la selección independiente de soluciones aceptables;

– la definición y implementación de objetivos de desarrollo soberano;

– la participación en la definición de los objetivos y la agenda del desarrollo humano, incluso mediante la elaboración y promoción de propias concepciones sobre los derechos y libertades individuales, así como de los criterios de un desarrollo socioeconómico y político responsable.

X

La dualidad de la naturaleza humana, junto con su inherente afán por el bien y la creación, y su capacidad destructiva, es la razón por la que los individuos y las comunidades humanas se niegan a alcanzar los objetivos superiores de la existencia personal y colectiva. A su vez, el rechazo de los individuos y las comunidades humanas a alcanzar los objetivos superiores de la existencia personal y colectiva se convierte en la causa fundamental de las catástrofes históricas, la imperfección y la desigualdad del desarrollo social y cultural de la humanidad.

XI

Las manifestaciones contemporáneas del rechazo de los individuos y las comunidades humanas a alcanzar los objetivos superiores de la existencia personal y social, que constituyen una amenaza fundamental para el futuro de la humanidad, incluyen principalmente los intentos de implementar ideas utópicas sobre el desarrollo de la humanidad, que implican el uso de los logros del progreso científico y tecnológico para la concentración ilimitada del poder político, económico y cultural a nivel global.

Estos conceptos incluyen:

– la idea de la posibilidad de la calculabilidad total, de la reducción cuantitativa de los fenómenos de la vida humana, tanto privada como pública;

– la idea de la previsibilidad total del futuro y de la falta de alternativas reales en las tendencias del desarrollo social;

– la idea de la admisibilidad del control total de las condiciones y parámetros de la existencia humana y social.

La adopción de estas ideas —que pueden denominarse determinismo tecnológico radical— como principios directivos para la programación del desarrollo social implica la deshumanización del pensamiento proyectual y de la actividad proyectual, el abandono de la búsqueda de la conformidad de los objetivos del desarrollo social con la naturaleza espiritual del ser humano, y la exclusión del ser humano del círculo de toma de decisiones sobre los objetivos y métodos del desarrollo social.

XII

El determinismo tecnológico radical configura una “imagen del futuro” que genera una preocupación justificada. Dicha “imagen del futuro” se basa en las siguientes máximas:

– el ser humano, su dignidad y sus derechos son valores históricamente transitorios, cuyo surgimiento está condicionado por el desarrollo socioeconómico y tecnológico, el cual a su vez puede exigir la renuncia a dichos valores;

– los nuevos formatos de vida de las comunidades humanas pueden requerir una reinterpretación sustancial de las concepciones tradicionales sobre dignidad, libertad y derechos humanos, incluso hasta el punto de abandonarlas;

– el desarrollo ulterior de la humanidad implica una profunda transformación de las comunidades humanas históricamente establecidas bajo la influencia de factores tecnológicos, así como su selección y clasificación;

– el desarrollo sociohistórico ulterior se debe a un aumento radical de la dependencia del ser humano, la sociedad y el Estado de la tecnosfera, y el éxito del desarrollo se garantiza mediante la máxima inclusión de los seres humanos en la lógica y los algoritmos de los sistemas tecnosociales, y la máxima eliminación de los riesgos asociados a la autonomía del individuo humano y la soberanía de los Estados;

– el futuro de la humanidad y de las comunidades humanas no es el resultado abierto a cambios, fruto de la interacción, la cooperación y la competencia entre individuos autónomos y grupos sociales, sino más bien el resultado de la ingeniería social, que moldea el futuro según planes preestablecidos.

Esta visión del futuro no se alinea con las aspiraciones de miles de millones de habitantes de la Tierra, que vinculan sus esperanzas de un futuro mejor con la formación de un mundo multipolar justo basado en la multilateralidad de la gestión global.

XIII

Un modelo del mundo global del futuro, coherente con las aspiraciones de miles de millones de personas en la Tierra, debe:

– armonizar con las ideas de la unidad del origen humano, la unidad de la naturaleza humana y la unidad del destino histórico humano, manifestadas y realizadas en la diversidad y singularidad de los pueblos, las culturas y las civilizaciones;

– contribuir a la consecución de los objetivos superiores de la existencia humana.

XIV

La consecución de los objetivos superiores de la existencia humana, la afirmación de las ideas de unidad del origen de la humanidad, unidad de la naturaleza humana y unidad del destino histórico de la humanidad, así como la preservación de la diversidad y singularidad de los pueblos, culturas y civilizaciones, se logra mediante la aplicación de los siguientes principios de desarrollo universal, que constituyen la base intelectual de un mundo multipolar sostenible y de los mecanismos del multilateralismo justo:

– el reconocimiento de la dignidad, de la libertad y de los derechos humanos como un gran descubrimiento intelectual, cuya trascendencia no puede reconsiderarse en el presente ni en el futuro;

– el reconocimiento, como objetivo principal del desarrollo sociohistórico futuro, de la consecución de los objetivos superiores de la existencia humana, la realización de los derechos y libertades del ser humano como un ser original, autónomo y autoadministrable, dotado de razón, voluntad y responsabilidad ante su comunidad y la humanidad, heredero de los valores culturales de su propia comunidad y de la humanidad;

– el reconocimiento de la historia como ámbito de desarrollo libre y multivariado de seres humanos libres y sus comunidades históricamente establecidas;

– el reconocimiento de la necesidad de preservar la autonomía relativa del individuo y la sociedad frente al entorno tecnológico, y del valor del libre desarrollo de las fuerzas esenciales del ser humano;

– el reconocimiento de la imposibilidad real y la inadmisibilidad ética de los intentos de cuantificación total y reducción cuantitativa de los fenómenos de la vida humana, tanto privada como pública;

– el reconocimiento de la imposibilidad real de una previsibilidad completa del futuro y la inadmisibilidad ética de afirmar la falta de alternativas en las tendencias del desarrollo social;

– el reconocimiento de que la aspiración al control total de las condiciones y parámetros de la existencia humana y social es éticamente inaceptable y peligrosa desde la perspectiva de la necesidad de realizar el potencial ilimitado de la naturaleza humana;

– el rechazo y condena universales de la aspiración a la dominación mundial y monopolio global como éticamente inaceptable, contrario a los objetivos superiores y valores de la existencia humana;

– el rechazo universal e igualitario de todas las formas de la aspiración a la dominación mundial y monopolio global: políticas, económicas, tecnológicas, informativas y culturales.

XV

La consecución de los objetivos superiores de la existencia humana en el camino hacia el desarrollo universal, la construcción de un futuro común para la humanidad, llamada a preservar simultáneamente su diversidad y multipolaridad y a afirmar la unidad de su destino histórico, deben facilitarse mediante la adhesión a los principios del diálogo global y la solidaridad entre pueblos, civilizaciones y Estados:

el principio de subjetividad (identidad), que implica la declaración responsable y abierta por parte de los participantes en el diálogo de su propia identidad, adquirida mediante la pertenencia a los valores profundos y los fundamentos culturales de su propia cultura y civilización, en lugar de la oposición a otras culturas y civilizaciones;

el principio de objetividad, que garantiza la formación de la agenda del diálogo entre pueblos, Estados, culturas y civilizaciones, incluyendo únicamente aquellas cuestiones que poseen un significado verdaderamente universal, que surgen a nivel de acción de los actores colectivos de la dinámica global de la humanidad y que solo pueden resolverse mediante la acción conjunta de todos los países y pueblos;

el principio de productividad, que permite a los participantes del diálogo centrar sus esfuerzos en el logro de resultados concretos y acumulativos, expresados ​​en la resolución de problemas globales concretos, aceptables para el máximo número de representantes de la comunidad global.